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03/11/08
Diecinueve años dentro del refugio 101 han dado para bastante. Bonitos recuerdos. Y aunque mi madre no haya podido estar conmigo para verme crecer, la labor de mi padre ha sido encomiable. Durante este tiempo me ha enseñado a manejar un arma, el día de mi cumpleaños me regaló una pistola BB con la que practiqué un poco y maté mi primera mutaracha. Ese mismo día también me regalaron un Pipeboy modelo 3000. Tambíen me preparó para el G.O.A.T. El mismo día que pasé la prueba tuve una pelea con Butch y sus matones en la entrada de clase. Finalmente el profesor creyó que mi profesión debía ser la de programador de Pipeboys. No estaba muy conforme, así que cambié algunas de las variables.
Un día Amata me despertó alarmada. Mi padre había escapado del refugio. Según el supervisor, la máxima premisa es que nadie entraría ni saldría del lugar. ¿Por qué se había marchado Papá?. Fueron momentos de tensión. Amata me invitó a salir del refugio, me dijo que conocía un pasadizo secreto en la oficina de su padre (el supervisor). Tras acabar con algunos guardias y hacerme con sus pertenencias puse rumbo a la oficina. Necesitaba la llave y una contraseña para activar el pasadizo. Muchas mutarachas andaban sueltas por los pasillos, con mi bate no me resultó difícil deshacerme de ellas.
Me encontré con el supervisor. Tras hablar con él e intimidarlo un poco se negó a proporcionarme lo que necesitaba. No dudé en matarlo con mi bate. Le robé la llave y la contraseña y puse rumbo a su oficina. Me arrepentí mas que nada por Amata, él era su padre y ella confiaba en mí, pero no me dejó elección. Finalmente me adentré en el pasadizo, Amata se despidió friamente de mí y dejé atrás el refugio en el que había pasado encerrado diecinueve años. La luz del sol me cegaba, estaba en el exterior. Era hora de seguir el rastro de mi padre, necesitaba respuestas.
04/11/08
Después de ver con mis propios ojos los restos de la civilización exterior puse rumbo a Megatón. El camino estaba desierto y no encontraba restos de vida por ninguna parte. Finalmente me topé con un robot que me dió la bienvenida al lugar. Dentro estuve charlando con el sherif, me propuso desactivar la bomba que permanecía aletargada en el centro del asentamiento, acepté la propuesta. Megatón estaba asentada en torno a una bomba nuclear alrededor de la cual se ha creado una religión local que la adora como si se tratase de un dios. Algunos están a favor, otros en contra. Hablé con muchos habitantes y me topé con un tipo llamado llamado Burke, me daba dinero si activaba la bomba y volaba el asentamiento. Rechacé la proposición no sin antes pensarmelo bastante, al fin y al cabo sólo se trataba de un sucio y pestilente agujero.
Conocí algunos personajes destacados como el Necrófago al cargo del bar de Moriaty, un tipo de poco fiar que se creía el dueño de la “ciudad”. Una joven llamada Lucy me pidió que llevase una carta a su padre, que vivía en un sitio que si mal no recuerdo se llama Arufa. Acepté, aunque no daré prioridad a esta misión hasta mucho mas adelante. Un fontanero putero me pidió que arreglase algunas tuberías, de momento no puedo ya que mi habilidad de reparar no es lo suficientemente alta. También estuve charlando con una prostituta que había conocido a mi padre y a la que le daba asco acostarse con el Necrófago. Después de husmear un poco y visitar algunas localizaciones de Megatón volví a hablar con Lucas Simms, el sherif, me chivé de los planes de Burke, sin dudarlo un segundo se fue corriendo al bar para detenerlo.
Cuando llegué ya estaban discutiendo, Lucas quería llevarse a Burke detenido pero este se negaba. Finalmente accedió pero cuando Lucas le dió la espalda le disparó como un cobarde. Se acercó a mí y me dijo que la había cagado. Sin dudarlo ni un instante le volé la tapa de los sesos. Me quedé con las pertenencias de ambos, bastante interesantes. Al salir apareció el hijo de Lucas… me comentó que si desactivaba la bomba me daría algo. El rastro de mi padre me debería llevar a Radio Galaxia, pero antes tenía unas cuantas cuentas que saldar en Megatón, aparte de honrar la muerte de Lucas.
06/11/08
Seguí explorando Megaton. Conocí a la chica de Craterside, una joven geek muy simpática que me propuso algunas misiones secundarias, la primera de ellas era conseguir alimento en unos supermercados a las afueras de la ciudad. Acepté sin tener ni idea de lo que mas tarde me encontraría por allí. No podía irme de Megaton sin antes desactivar la gran bomba. Por desgracia carecía de los niveles suficientes de conocimiento como para hacerlo. Decidí seguir husmeando. Entré a la casa de Billy y cogí una Nuka Cola, al instante me empezaron a disparar, no dude en responder hasta volarle la cabeza. Era Billy, si llego a saber que se pone así por una Nuka Cola… vaya recibimiento. Mas tarde me enteré de que era una buena persona y se encargaba de cuidar a los niños del asentamiento.
Se hizo de noche y me encontré al yonqui del que me había hablado el Doctor Church. Charlé con él y lo convencí para que tratase de dejar las drogas y hablase del tema con su familia. Me hizo caso, y por la ayuda me dió una llave con la que acceder a unos cajones en el cuarto de la purificadora de aguas. Allí encontré diversas drogas y otros objetos. Tomé una de ellas que aumentó mi inteligencia e intenté desactivar la bomba. Todo salió bien y se hizo la voluntad de Lucas, una pena que no estuviese vivo para verlo. Fuí a ver a su hijo y me recompensó con la llave y las escrituras de una casa en Megaton. La intención el sherif era esa, que colaborase y que me quedara a vivir allí. Fue un gran detalle. Lo mejor de la casa es que tengo un cybermayordomo que cuenta chistes. Descargué algunas de mis pertenencias y dormí un poco.
Era hora de salir del asentamiento para llevar a cabo la misión del supermercado. Por el camino me encontré una rata-topo que me dió un buen susto. A medida que fuí llegando a las tiendas me temía lo peor. Cuando estaba cerca comencé a escuchar disparos. Tres saqueadores me dieron la bienvenida. Me deshice de ellos como pude. En uno de los cadáveres encontré una orden en la que se describía que la misión era acabar conmigo. Entre en el supermercado a hurtadillas evitando que los de dentro me viesen, cogí todo lo necesario y volví cagando leches a Megaton. Ahora la chica de Craterside me había encomendado otro trabajo, y por lo visto habían mas. Mi prioridad es ayudarla con sus estudios y marcharme a otro lugar, casi todo estaba ya zanjado en Megaton. Entregar la carta al padre de Lucy, arreglar las tuberias y seguir la pista del androide perdido eran algunas de las cosillas que tenía que hacer antes de poner rumbo a Radio Galaxia.
07/11/08
Hoy ha sido duro. Arreglé las tuberías que me ordenó West. También colaboré en la segunda fase del estudio de la chica de Craterside. Esta vez me encomendó la tarea de ir hasta Minefield, un pueblo fantasma. Me desplacé hacia allí no sin toparme con alguna que otra amenaza por el camino. Al llegar me metí en algunas casas y estuve curioseando. Encontré el parque infantil que me dijo que buscase, de repente se empezaron a escuchar unas explosiones bestiales, no eran minas, ni idea. Un francotirador me intentó dar caza desde lo alto de un edificio en ruinas. Subí como pude y le volé la cabeza con mi recortada. Robé su rifle francotirador y partí a Megaton para dar el parte de la misión.
Era el momento de comenzar la misión Lazos de sangre y entregar la carta de Lucy West. Puse rumbo a Arufa. Al llegar, un viejo con pinta de sherif me disparó. Al ver que no era una amenaza cesó. Era Evan King, el único protector de Arufa. Me adentré en este poblado y encontré los cadáveres de los padres de Lucy. Después de hablar con Evan me explicó lo que pasaba. Al parecer una banda local solía pasarse por Arufa a montar follones. Ian, el hijo de la familia y hermano de Lucy había desaparecido. Evan estaba convencido de que había sido esta banda, denominada “La Familia“. Me habló de tres lugares donde podía encontrarlos: Un antiguo cine al aire libe, el escondite de los Hamilton y la estación Séneca.
Nada por el cine al aire libre salvo unos hombres-cangrejos algo molestos. En el escondite de los Hamilton sólo encontre escorpiones y unos cuantos saqueadores. Hallé un cuarto con bastantes drogas. Muchos pasadizos y ni rastro de “La Familia” ni de Ian. Partí al último destino, la estación Séneca. Me adentré en el metro y allí conocí a dos necrófagos narcotraficantes que estaban creando una nueva droga, ultrajet. Hice un trato con ellos y seguí buscando. Tras pasillos y pasillos me topé con “La Familia”. Habían montado su base en el metro. Tuve que convencer a su jefe y hablar con algunos miembros para tener acceso a Ian. Hablé con él, me comentó que él mismo mató a sus padres. Propuse al jefe de la banda (que al final resultaron ser vampiros post-nucleares) que dejasen de atacar Arufa a cambio de que sus habitantes donasen sangre. A cambio “La Familia” protegería el poblado. Todos contentos.
Volví a Megaton, conté a Lucy lo sucedido, me dió las gracias. Administré un poco mis pertenencias, compré algunas cosas y me preparé para poner rumbo a la verdadera misión: Seguir el rastro de mi padre. Ahora si era la hora de poner rumbo a Radio Galaxia.
08/11/08
Para llegar a Radio Galaxia tuve que adentrarme en el metro. Por sus oscuros pasillos me topé por primera vez con necrófagos salvajes. Los eliminé sin demasiada dificultad y me quedé con las drogas que solían llevar. Me extrañó ver como a lo lejos una fornida silueta golpeaba sin piedad a uno de estos seres. Al fijarme se trataba de un mutante, tampoco dudó en ir hacia mí para darme caza. Unos cuantos disparos de mi pistola láser a su cabeza de chorlito bastaron. Abriendome paso llegué hasta la salida del metro. Avencé un poco y empezó a librarse una batalla entre soldados de la hermandad del acero y mutantes.
Me decidí a seguir a los de la hermandad, ya que me comentaron que iban rumbo a Radio Galaxia. Por el camino tuvimos que eliminar mutantes de distintos tamaños. los últimos en la plaza de Radio Galaxia eran bien granditos, aunque lo mejor estaba por llegar. Uno de los soldados murió. Todo estaba bajo control cuando de pronto se escuchó un fuerte golpe. En pantalla hizo acto de presencia un mutante behemut. Era como tres veces yo de alto y de ancho. Empezó a hacer estragos entre los soldados. Agarré el “Gordo” que el soldado fallecido había dejado en el suelo y le lancé a este pedazo de animal unas cuantas minibombas nucleares. Cayó al suelo haciendo temblar todo a su alrededor. Wow, inyección de adrenalina.
Finalmente los de la hermandad del acero entraron en el edificio de Radio Galaxia. Fui recogiendo munición de los cadáveres, llamé al telefonillo y me dispuse a adentrarme en las instalaciones. Era el momento de mantener con Three Dog una charla sobre mi padre.
Continuará…



































[...] Crónicas post-nucleares [...]
adonayyyyyyyyy tsk ven aki x”"”"”DDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD k enrale cawen jesuschrist
Guauuu….
El contar estas historias es tu fuerte amigo, sigue con esytas historias que son super geniales…..